Probablemente no sea de las playas más bonitas, ni destacará por sus aguas transparentes y su fina arena dorada y mucho menos por sus aguas cálidas. Pero es uno de los pocos rincones vírgenes de la Costa del Sol.
Ya son pocos los placeres que me quedan, pero entre uno de ellos, esta el caminar, pasear por los campos y sierras andaluzas. También me quedan otros, tales son la lectura, la red, la familia, el vino (malo o bueno) pero siempre en buena compañía.
La ruta Aznalcollar - Viaducto de la Pizana sobre el río Guadiamar, transcurre sobre el antiguo trazado del ferrocarril minero que unía la mina Caridad con el embarcadero del río Guadalquivir en San Juan de Aznalfarache.
protegido del corredor verde del Río Guadimar y continuamos entre dos fincas dedicadas al olivar.
Tras un tercer desmonte se llega al viaducto del río Guadimar o de la Pizana, donde podremos descansar para volver a realizar el camino de vuelta o quien quiera continuar podrá cruzar el río y coger la cañada hasta Gerena o continuar por el trazado del ferrocarril y a unos cientos de metros podrá encontrarse la estación de empalme con el ramal de Gerena.
largo de todo el recorrido aún se puede observar antiguas traviesas, clavos y escorias utilizadas para la construcción del trazado.
Cuando uno se para en Ronda, dispone de una gran variedad de sitios donde comer y refrescarse, pero en pocos sitios se puede ya encontrar un bar como "el lechuguita".
Situada en el centro de Ronda, muy próximo al tajo y al puente nuevo, en la calle virgen de los Remedios.
Chefchauen, o más conocida como Xauen, la ciudad santa. Situada entre dos montañas que forman el Yebel Esh Chauen (la montaña de los cuernos). Para alabar la gloria de Alá, que había hecho brotar múltiples manantiales en el Yebel Esh-Chauen, los árabes hicieron de la ciudad un importante centro religioso. Durante mucho tiempo Xauen estuvo prohibida a los cristianos. En 1982 el británico William Summers osó traspasar sus murallas. Murió envenenado.
Tal vez debería de haber continuado así. A principios de los 90 Xauen era un bonito pueblo, donde el añil tiñe las paredes encaladas. Así me gusta recordarlo. En cambio ahora Xauen, es un paraíso de fumetas. Los fines de semana el pueblo se colapsa de jóvenes en busca del fruto del cáñamo. Es la especialización del turismo.
Esta masiva afluencia de turistas, ha dado un impulso a la maltrecha economía local, sacándola de la autarquía a la que estaba condenada. Ahora la ciudad santa, está salpicada de bonitos hoteles (ejemplo es casa Hassan) o pequeños restaurantes muy decentes y dando una luz de esperanza sus habitantes.
Pese a todo, Xauen no ha perdido el encanto, perderse por sus callejuelas pintadas de azul, andar por sus cuestas, o sentarse en cualquier callejón y ver pasar a los aldeanos es todo un auténtico placer.