jueves, 23 de septiembre de 2010

Ruta: Vía verde de Itálica: Tramo entre Olivares y Salteras. (Sevilla)

La vía verde de Itálica ya fue tratada en la entrada
http://kaminantenohaykamino.blogspot.com/2009/07/ruta-ferrocarril-minero-aznalcollar.html. En este septiembre pre-otoñal he aprovechado una fresca mañana de lunes para recorrer el tramo que transcurre entre la SE 3405 Gerena-Olivares y la SE3409, la carretera a Salteras. Hubiera deseado continuar hasta Santiponce, pero dos razones me los impidieron: la edad y poder tener otra excusa para volver a salir al campo: acabar de recorrer la vía verde. Aún así, quedarían dos tramos más por publicar, que sería el tramo entre la carretera de Gerena a Olivares hasta el viaducto de la Pizana, tramo en sí muy interesante pues se pueden observar las últimas infraestructuras en píe del trazado ferroviario como el viejo depósito de agua o la estación de empalme y tramo entre la carretera de Aznalcollar y la corta de los frailes con su puente sobre el arroyo aún en pié.

Este tramo de la ruta se inicia en la carretera Gerena y Olivares. Entre el Cortijo de Conti y la Torre Mocha, a mano izquierda nos encontramos lo que parece un camino de tierra, pero es el antiguo trazado del ferrocarril. Transcurre entre sembrados de cereales y girasoles, ahora escrupolosamente segados. De perfil casi llano, subiendo y bajando pequeñas lomas apta para toda clase de público. A la mitad del recorrido podremos ver unas de las mejores vistas de Gerena que se pueda disfrutar en la vega.

Durante el recorrido aún se pueden observar restos de las traviesas del antiguo ferrocarril, recoger oxidados tornillos y contemplar alguna vieja obra de fábrica.

Es difícil perderse en este sendero, aunque que carece de todo tipo de señalización, pues son pocos los caminos que lo cruzan, uno de ellos es la ruta del agua, frencuentada por bastantes ciclistas. Este tramo finaliza en la carretera a Olivares junto a unos viejos eucaliptos, pero quien tenga fuerzas puede continuar hasta Santiponce.

Longitud de tramo: 8 km (ida y vuelta)
Tiempo: 2,5 h
Dificultad: fácil

jueves, 9 de septiembre de 2010

La ensenada de Bolonia - Entre Tarifa y Zahara (Cádiz)

Agosto 2010, ayer Gerena ardía. Acabo de abandonar el carro y sin pensarlo me sumerjo en el océano. "la concha e de mi madre", Siento sus aguas frías como se clavan en mi cabeza, y sin saber el porqué me viene a la mente el cuento de mi paisano Mario Orlando Benedetti del reloj de números romanos parado. Una voz me llama: "¡Viejo boludo te vas a morir!", saco la cabeza del frío océano mi miro hacia la orilla: "La concha de mi madre, Bolonia!


La ensenada de Bolonia, Baelo Claudia para sus fundadores romanos, se encuentra en el nº 1 de mi top ten personal de las mejores playas de Iberia. Tiene todo lo que le pido a la mar: tranquilidad, limpieza y su belleza natural. ¿En que otro rincón de esta vieja piel de toro se puede encontrar lo que estoy contemplando?. En un lado su duna de arena sahariana, en el centro la vetusta Baelo Claudia, en la lontananza África. Y por muy concurrida que éste, siempre puedo encontrar un rincón entre las barcas donde poder descansar junto a este mar lejos del quilimbo de la ciudad.

Incluso, hoy hasta el levante me ha respetado, ese viento que en otra playa la podría hacer desagradable, pero en ésta todo se lo perdono.

Son las 8 de la tarde, y una voz familiar de despierta de mi sueño: -Flaco, ¿nos vamos?

lunes, 12 de julio de 2010

El tiempo para un europeo

...El europeo y el africano tienen un sentido del tiempo completamente diferente; lo perciben de maneras dispares y sus actitudes también son distintas. Los europeos están convencidos de que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que su existencia es objetiva, en cierto modo exterior, que se halla fuera de nosotros y que sus parámetros son medibles y lineales. Según Newton, el tiempo es absoluto: "Absoluto, real y matemático, el tiempo transcurre por sí mismo y, gracias a su naturaleza, transcurre uniforme; y no en función de alguna cosa exterior". El europeo se siente como su siervo, depende de él, es su súbdito. Para existir y funcionar, tiene que observar todas sus férreas e inexorables leyes, sus encorsetados principios y reglas. Tiene que respetar plazos, fechas, días y horas. Se mueve dentro de los engranajes del tiempo; no puede existir fuera de ellos. Y ellos le imponen su rigor, sus normas y exigencias. Entre el hombre y el tiempo se produce un conflicto insalvable, conflicto que siempre acaba con la derrota del hombre: el tiempo lo aniquila.
Los hombres del lugar, los africanos, perciben el tiempo de manera bien diferente. Para ellos, el tiempo es una categoría mucho más holgada, abierta, elástica, subjetiva. Es el hombre el que influye sobre la horma del tiempo, sobre su ritmo y su transcurso (por supuesto, sólo aquel que obra con el visto bueno de los antepasados y los dioses). El tiempo, incluso, es algo que el hombre puede crear, pues, por ejemplo, la existencia del tiempo se manifiesta a través de los acontecimientos, y el hecho de que un acontecimiento se produzca o no, no depende sino del hombre."
Todo lo contrario de la manera de pensar europea.
Traducido a la práctica, eso significa que si vamos a una aldea donde por la tarde debía celebrarse una reunión y allí no hay nadie, no tiene sentido la pregunta: "¿Cuándo se celebrará la reunión?, La respuesta se conoce de antemano: "Cuando acuda la gente"
De modo que el africano que sube a un autobús nunca pregunta cuándo arrancará, sino que entra, se acomoda en un asiento libre y se sume en el estado en que pasa gran parte de su vida, en estado de inerte espera.
-¡Esta gente tiene una capacidad extraordinaria de espera! - me dijo en una ocasión un inglés que llevaba mucho tiempo viviendo aquí-. Capacidad, aguante, ¡es un sexto o séptimo sentido!... (Ébano. Rysazrd Kapuscinski)


Por eso cuando viajo a África, los intento emular: me acomodo donde puedo y me pongo a esperar.






sábado, 19 de junio de 2010

In memoriam: José de Sousa Saramago




"Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte." José Saramago.

domingo, 13 de junio de 2010

Parada y fonda: Taberna Salinas - Córdoba

Como no puede haber febrero sin Cádiz, en mi vida procuro que no haya un mes de mayo sin Córdoba.
A pocos metros de la impresionante y concurrida plaza de la Corredera nos encontramos esta típica taberna cordobesa y no por lo de típica pierde la más mínima pizca de calidad.

Entre réplicas de cuadros de Julio Romero de Torres, bodegones, fotos de Manolete y alegorías a las diversas provincias andaluzas el visitante puede disfrutar de lo mejor de la gastronomía de esta ciudad: Flamenquines, rabo de toro, espinacas, salmorejo, vinos de la tierra, berengenas fritas, callos, bacalao frito. Pero lo mejor de la carta es que ningún plato supera los 7 €, que como está el mundo, se agradece. Y como de lejos está esta carta de otras rodeadas de pseudodiseño: flamenquín reconstituido, rabo de toro cocinado con nitrógeno líquido, o salmorejo deshidratado. El valor de la tradición no debe de estar reñido con la modernidad. Esto también se agradece.

A la taberna se accede por un zanjuan de la entrada y a la izquierda disponemos de una agradable barra, donde esperar que se libre una de las mesas, situadas en el fresco patio central o es sus habitaciones aledañas.

Un único problema: A la pregunta de si me servía un café el camarero contestó con esta lacónica sentencia: "no es costumbre en las tabernas cordobesas servir café"


C/ Tundidores, 3 (Junto a Espartería) Córdoba
Telf.: 957 48 01 35

martes, 25 de mayo de 2010

Ruta: las Negras - Cala de San Pedro (Almería)

La Cala de San Pedro se encuentra a pocos kilómetros al este del antiguo poblado pesquero de las Negras, entre el Cerro Negro y la Cala del Plomo. En el dado más oriental del parque natural del cabo de Gata y Nijar (Almería) y por ahora ha resistido a la especulación y al ladrillo como el poblado galo a los romanos.

Cuenta con una de las pocas fuentes de agua potable que durante todo el año mana en esta rambla, por ello fue siempre codiciada por piratas y refugio de éstos. En el siglo 1583 se mandó a construir una torre de vigilancia, ya en siglo XVII se le añadió una plataforma artillada. Fue escenario de diversas batallas principalmente en la guerra civil entre los Borbones y los Habsburgo, hundiéndose a sus pies el navío francés llamado "la Reina". En 1743 otro navío, en este caso inglés, que perseguía a unos corsarios entró en la bahía y dañó gravemente la torre y parte del baluarte.

Sin acceso por carreteras, y sólo por mar cuando éste lo permite, la cala de San Pedro se ha convertido en el último paraíso de viejos libertarios, ocupando el antiguo cuartel de carabineros, y algunos de ellos han construidos pequeños refugios con piedras del lugar, y que se encargan de mantener limpia la playa y sus alrededores y sobreviviendo de la artesanía y pequeños cultivos.

La ruta se inicia en el poblado de las Negras. A este pequeño poblado pesquero que ha sobrevivido relativamente bien al ladrillazo se accede a través de la AL 3106, desde la A7, pasando por el pueblo de Campohermoso y la aldea de Fernan Pérez. El primer tramo en línea recta y ascendente, de frente podremos contemplar el impresionante cerro Negro y a la derecha toda la costa del cabo de Gata, con las Negras y la cala del cuervo al fondo.

Rodeado el cerro Negro, continuamos paralelo a la costa, por un camino bien ancho y relativamente fácil de andar. A unos 2,5 el camino se gira hacia el interior, mientras que nuestro sendero coge una pequeña vereda, sobre el acantilado que nos conduce a la entrada de la cala de San Pedro, a lo lejos ya podremos observar el antiguo castillo y su cala destino final de nuestra ruta.


Distancia: 3,5 km (sólo ida)
Dificultad: media

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miércoles, 12 de mayo de 2010

Parada y fonda: Confitería Rufino - Aracena (Huelva)

Cuando uno cansado , tras un largo paseo primaveral, traspasa las puertas de "la confitería Rufino" podría pensar que estamos dentro de una vieja fotografía o un daguerrotipo del año 1875, si no fuese por los toques de color que nos rodea, Ya que fue en el siglo XIX cuando la confitería Rufino se fundó, para regocijo de futuros diabéticos y su sabor dulce aún nos acompaña en pleno siglo XXI
Sita en la calle Constitución nº 3 de Aracena, es toda una institución en la Sierra y en sus vitrinas se exponen los mejores tocinos, yemas, piñonates y chocolates que por estos lares se puede degustar y buena prueba de ello son las largas esperas en estas tardes de domingo que se forman en sus puertas.